
Las calles de muchas ciudades del mundo están habitadas por zapatos anónimos, que cuelgan de los cables que atraviesan con ferocidad eléctrica el ancho de los caminos.
Miles de personas atravesando las calles, y los zapatos ingrávidos y con la unión amorosa de sus cordones, presiden el desorden caótico de sus conciudadanos.
Son dioses materializados y con forma medio humana, portadores de secretos y de l misterio ¿por qué están ahí?
Los significados de su nueva vida son varios, en la web se enredan mil conjeturas y supersticiones...
Unos zapatos con miles de significados: que alguien ha acabado la mili, que en esa zona hay drogas, que alguien ha muerto, que es una tradición de los años 80 en la que cada vez que alguien se compraba unas deportivas nuevas lanzaba las antiguas al cielo para que se quedarán en perpetuo recuerdo...que es el símbolo de alguna banda...
Las suposiciones son muchas y la palabra que se utiliza para denominar esta expresión alternativa y urbana es el Shoefiti, un juego de palabras entre zapato y grafitti. Un intento de adornar las calles con un juego de color ornamental.
Si dejo volar a mi imaginación, pienso en la primera persona que decidió libremente lanzar sus zapatos al aire en un acto de liberación, y me imagino su cara en el momento que se dio cuenta de que se le habían quedado enganchados ‘en serio’ en el cable eléctrico.
Me puedo hacer una idea de esa mueca, la típica mueca, de ‘la he cagao’, ese conocido sentimiento que ha experimentado todo ser humano, cuando se da cuenta, que víctima de un arrebato insólito, se acaba de quedar descalzo y con los zapatos nuevos en un lugar inalcanzable.
El hombrecillo de mis sueños se va para su casa como puede, rodeando sinuoso como una flor primaveral, todos los lugares en los que pueden ser reconocidos sus desnudos pies públicamente.
Llega a su casa fatigado y con un dolor insoportable propiciado por las innumerables piedrecitas que se le han incrustado en la carne de la planta de su sucio pie.
Él, que es una persona defensora a ultranza del valor: NO DESTACAR, guarda su secreto bajo las siete llaves de su introvertido carácter. Además posee un don casi mágico para hacer esa onomatopeya tan recurrente de “EHHH” cada vez que alguien hace el más mínimo comentario sobre el evento socio-cultural de los zapatos que están colgados en la calle Libertad.
Pasan los días, y nuestro protagonista empieza a detectar que un nuevo desorden público asola la ciudad...de repente, zapatos extraterrestres se instalan en el cableado eléctrico...El tema cobra tal importancia que los periódicos más importantes de la ciudad empiezan a hacer sus investigaciones particulares.
Las conclusiones no dejan a nadie indiferente...Un acto de rebeldía y de bandolerismo está aterrorizando a los habitantes de esta tranquila ciudad. Miles de zapatos amenazantes, intentan deshacer el logrado gris industrial, mezclando colores sin ningún tipo de rigor.
Él, el héroe anónimo, se siente similar a un guisante suicida suplicando que alguien le conviertan en puré con el tenedor...
Toda una vida dedicada al orden y el método Stakionolsviksti (RUTINA+ORGANIZACIÓN+CAMA SIEMPRE HECHA+TOALLAS ACOLCHADITAS) y ahora se ve envuelto en el mayor escándalo público de los últimos tiempos...
Su mirada se desvía al cielo, y grita, ¡por qué!, ¡por qué a mí!, ¡por un día!, ¡un miserable día!, ¡¡qué digo!!, ¡¡¡un inapreciable segundo en el que la sangre fluyó más rápido de lo normal por mis saneadas venas!!!
Cabizbajo, sintió un picor en el cráneo, se rascó como una alimaña llena de piojos, y después de hacerse sangre, se miró al espejo y vio un zapato colgado de su oreja.
Su mirada, que en esos momentos, cabe decir que tenía un color rojizo y una expresión desquiciada, se quedó casi en blanco.
Un zumbido de moscardón pesado se le introdujo en el tímpano, y definitivamente, el día parecía que se había convertido en una horrible pesadilla...
Un ruido parecido a toc-toc sonó al otro lado de la puerta principal de su casa. Nuestro aturdido personajillo abrió la puerta y no vio nada pero si escuchó algo parecido a un ¡¡¡shhhhsssss, aquí abajo!!!
Miró, y lo que vio le confirmó su hipótesis de que ese día era una pesadilla, eran sus zapatos, ¡los que había dejado colgados en el cable de la calle Libertad!
Estaban rojos, aunque en origen eran verdes, pero de la rabia y el enfado, pues eso...rojos. Se marcaron un baile de boxeo y se estamparon en sus posaderas con unas fuerza sobrenatural a cualquier zapato.
¡¡¡AAAAHHHH!!!! Esa fue la respuesta más inteligente que a nuestro alterado muchacho se le ocurrió.
Y los zapatos, que ya estaban un poco más verdes, le dijeron:
Las razones de por qué a ti te ha pasado semejante maravilla nunca lo sabremos, pero recuerda, Todos los zapatos que se balancean con la brisa de esta mustia ciudad, te recuerdan, que un día, un fantástico día, ¡qué decimos!, ¡un instante perpetuo!...fuiste feliz...

1 comentario:
Oye "PAXARINA",estás a la última, ¡cómo mola!.Y esta historia ¿la escribiste tú?.
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